Así fue como yo aprendí a ir en Contravía


Llegué al I Congreso Jóvenes en Contravía porque me tocó. Ahora creo que fue la mejor experiencia de mi vida, porque aprendí que los jóvenes estamos en la edad perfecta para marcar la diferencia. Esto es algo que no podemos olvidar. 

 Por: Lina Herrera

Hay momentos que nos marcan la vida con grandes experiencias y buenas enseñanzas. Son esas experiencias que no sólo encontramos en un colegio o una universidad, sino en la relación con Dios y nuestros verdaderos amigos. Fue quizás en ese momento donde comprendí que el I Congreso Nacional Jóvenes en Contravía cambió muchos aspectos de mi vida.

Nunca llegué a pensar cuántas cosas aprendería, o cuánto llegaría a conocerme, o a conocer a los demás. Incluso, llegué a pensar que sería un congreso como cualquier otro, hasta el punto de asistir simplemente por asumir un compromiso. Es mas, en cierta forma llegué con la mentalidad de que sería aburrido y que ninguna de las actividades propuestas llegarían a gustarme.

Sin embargo, mi perspectiva cambió radicalmente por que fueron tan solo dos días en los que me divertí jugando y rompiendo la rutina. Me bañé con manguera, dormí en sleeping, conocí personas con costumbres totalmente diferentes a las mías. Y, lo más importante, me di cuenta que que podía aportar mis habilidades y experiencias a mi comisión de trabajo para que entre todos pudiéramos encontrar soluciones a las diferentes tipos de problemáticas que viven muchos jóvenes hoy.

Gracias al congreso y a todo lo que aprendí allí, logré comprender aquellos pensamientos y sentimientos que me amarraban a una vida de pecado y que en algún momento lograban romper mi relación con Dios y conmigo misma.

Pero lo más importantes es que durante esos dos días nunca dejé de ser lo que soy: joven. Una joven llenos de vida y de alegría, que no necesita aferrarsen al alcohol o a las drogas, porque soy capaz de asumir el reto de ir en contravía.

Entendí que  se puede amar sin remordimiento y con valentía, que se puede ser libre y ayudar a otros a ser libres. Porque finalmente, lo más importante es que Dios nos ama y confía en nosotros, y que para poder seguirlo no necesitamos dejar de ser jóvenes.

Y fue así como después de vivir todas esas grandes experiencias, tome la decisión y el compromiso de unirme a Lewe, donde llevo casi 8 meses, y donde me siento muy feliz, porque encontré el verdadero significado de la amistad; me enseñaron a confiar y a valorar todo lo que me rodea, contando no sólo con su apoyo si no también  con un cariño y amor sincero.

Con Lewe comparto mis risas, mis sueños y mis alegrías; también vivo mis tristezas. Gracias a ellos aprendí a confiar en Dios y amarlo cada día más, entendiendo  que ahora soy parte de una familia que llevo y que siempre llevaré en mi corazón.

Y son por todas estas razones y muchas más que no dudaría ni un segundo en proponerles a todo los jóvenes del país que asuman el reto de asistir a nuestro II Congreso Nacional Jóvenes en Contravía, pues sé que vale la pena vivir la vida asumiendo el carácter y la valentía de ser diferente.

Nunca nos vamos a arrepentir de tener esta oportunidad, pues además de conocer a muchas personas, podemos conocernos a nosotros mismos. Así, no podemos olvidar que somos capaces de construir nuestro mundo ideal y que estamos en la edad perfecta para marcar la diferencia.

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