¿Cómo fue nuestro II Congreso Jóvenes en Contravía?

Hace ya dos semanas que vivimos esta experiencia única e increíble. ¿Quieres recordar los mejores momentos? Así fue como se gestó este evento desde el día 0.

Todo empezó desde el día en el que comenzó. Suena redundante, lo sé, pero así fue.  El día que se nos ocurrió por primera vez hacer Congresos, ese día comenzamos a gestar todos y cada uno de los que hemos hecho y de los que seguiremos haciendo.

Este Congreso empezó a imaginarse desde febrero, cuando las distintas regionales Lewe empezaron a diseñar sus propuestas para ganarse la sede del II Congreso. Llegaron ideas de San Gil y de Bogotá. Ya sabrás cuál fue la ganadora. A partir de ese momento, empezó la carrera contra el reloj, para tenerlo todo listo y a tiempo para la fecha que habíamos señalado: 2, 3 y 4 de noviembre.

Lo más fácil este año fue la logística. Teníamos ya como regional Bogotá la experiencia de un congreso. Habíamos aprendido de los errores y sabíamos qué debíamos hacer y en qué orden. En pocos meses ya habíamos conseguido la sede del II Congreso, la alimentación y los transportes, cotizaciones etc. que eran necesarios para realizar el evento.

Ya teniendo eso listo, nos sentamos a pensar, pensar y pensar. Por momentos me sentía como el dueño del perrito Blue (del programa de Nickelodeon Blue’s Clues) que pasaba horas y horas tratando de entender qué era lo que su perro le quería decir. Sabíamos que queríamso algo diferente. Algo nuevo. No queríamos la misma dinámica que habíamos tenido en el I Congreso. Queríamos que este fuera inolvidable. Teníamos la temática: violencia juvenil, depresión y suicidio, y cultura light.  Y ahora, ¿qué hacíamos?

Bueno, empezamos por hacer mucha oración. Nuestro grupo interno en Facebook se llenó de listas con horarios para bañarnos con agua fría, dejar de ver televisión, no comer dulces (o no comer en lo absoluto), con misas, rosarios, visitas al Santísimos, obras de caridad… mejor dicho, ¡qué no hicimos! Todo con el fin de que fuera Dios el primero en hablar para diseñar un gran congreso.

Fabián, otro de los organizadores, te lo puede explicar mejor. Mira su anécdota en este post.

Y parece que dio resultado, porque esto fue lo que salió:

Día 1.

2 de noviembre de 2012

Hora: 6:00 pm.

Objetivo: ¡Que comience la fiesta!

Corríamos de un lado al otro, tratando de decorar el salón de recepción con bombas, pancartas, serpentinas. Los artistas se disfrazaban. Johana practicaba insistentemente su hablado paisa para poder imitar acertadamente a Natalia París. Algunos habían empezado a llegar. Recibían, lentamente, su escarapela y su kit. Muchos tenían cara de miedo, pedían quedar con sus amigos en las comisiones casi a gritos: era un tema de vida o muerte. La respuesta en todos los casos fue ‘no’. El resultado: mirada asesina o de cordero degollado.

6:30. Estamos listos. Hay que empezar. Hagamos rápidamente las recomendaciones de seguridad. Apaguen las luces. Pongan el intro. ¡Acción! “Bienvenidos al mejor show de la televisión colombiana: “Tengo talento a lo bien”.  El  reality que busca encontrar el mejor talento light entre nuestros participantes. ¿Están listos?”.

A partir de ahí, todo fluyó. Durante una hora vivimos un gran show en el que nos reímos hasta llorar con los ingeniosos comentarios de los jueces Natalia París, Silvestre Dangond y Pedro Pablo León Jaramillo frente a las actuaciones de los participantes.

El baile de Farina, el intento frustrado de Silvestre por traducir del inglés al español, la difícil tarea de aprender a bailar merengue y el airoso deseo por cantar vallenato en la ciudad de los rolos fueron algunos de los actos que nos entretuvieron. Era un día para ser jóvenes del mundo, para disfrutar y vivir lo light.

Cuando terminó el show, 180 jóvenes conocieron a sus compañeros de tribu. A esas otras 26 personas que los acompañarían 3 días, mientras vivían la experiencia del Congreso. Este año, había una nueva comisión: Lohem (el guerrero). Con el color rojo, ésta se unía a las otras 5 ya formadas: Brakha, Ahawa, Osher, Kadof y Esh. Desde entonces, las voces de los participantes no dejaron de gritar arengas, barras y porras para motivar a su equipo y mostrar por qué era el mejor. ¡Qué alivio! Ya veíamos como las malas caras del inicio empezaban a cambiarse por sonrisas cómplices.

Terminamos el día muy ‘tempraneros’: 10:30, luces apagadas.

(Mira aquí la galería:http://on.fb.me/SwOIgo)

Día 2.

3 de noviembre de 2012

Hora: 4:30 am

Objetivo: Estoy mamao’

La luz del día aún no se filtraba en los salones en donde habíamos improvisado camas con sleepings, cobijas y colchones. Todos estaban disfrutando del sueño que duramente habían podido conciliar. Y, de la nada, los líderes de tribus los empezaron a levantar. “Rápido niñas, hay que salir. Pónganse su venda y salgan con su kit completo. Rápido. Fórmense en fila afuera. Nos tenemos que ir”. Entre confundidas y curiosas, niñas (y niños por su parte) obedecían las instrucciones y , en una fila india, empezaron a caminar hacia donde les dirigían.

Llegaron a un sitio (no sabían cuál). Había música tenebrosa y el frío no ayudaba. Era como entrar a una casa embrujada en la madrugada. Poco a poco, las hicieron acostarse en el frío suelo. Y de repente, una risa rompió con la apacible calma del lugar. “Estúpidos humanos… ¿creían que iban a vivir para siempre? ¡Puaj! Están muertos… no hay reverse”. A partir de ese momento, El Acusador se dedicó a burlarse de la vida que habíamos tenido hasta el momento, de lo que habían hecho y dejado de hacer. Muchos temblaban asustados. Otros empezaban a escurrir lágrimas.  Y es que el momento en el que empiezas a analizar tu vida creyendo que todo acabó hace que se te revuelva todo tu ser. Pero, así como El Acusador llegó, apareció la dulce voz de El Compañero. Nos brindaba una nueva oportunidad. La posibilidad de perdonar y empezar de cero. Ese, sin lugar a dudas, iba a ser el objetivo del día.

A partir de ese momento, todo empezó a andar en cámara rápida. Fueron rápidos los baños bajo el agua fría (bueno, los de los niños no tanto) y rápido también la ingesta de los huevitos y el chocolate. Rápido el llamado a formarse por comisiones y a entrar al salón de conferencias.

Hay que ver la cara de sorpresa de todos los jóvenes cuando reciben un maniquí para convertirlo en la mejor persona posible para enfrentarse al día de hoy. Y hay que ver también la cara de sorpresa que pusimos cada uno de los organizadores cuando vimos las creaciones que habían hecho con los pocos materiales que habían recibido. Fue así como empezaron a participar del congreso Sarita, Osherin, Rigoberto, Natasha, Violetta y Esha. Desde ese momento, personajes inseparables de cada una de las tribus.

Vivimos entonces las primeras conferencias. De la mano de Óscar Velásquez conocimos la Cultura light, en la que entendimos de qué manera el postmodernismo estaba acabando con el hombre. La charla de violencia, en la que vimos cómo nuestras actitudes y relaciones están llevando a destruirnos como personas. Y entendimos cómo, al final, todo lo que habíamos aprendido era lo que  le habíamos hecho a los maniquíes en un principio: volverlos hombres light llenos de vacíos. “Qué brillantes… vinimos a combatir la cultura light y ¿esto es lo que se nos ocurre?”, pensaban muchos de ustedes.

La consecuencia obvia fue el ver a los maniquíes entrar en cuidados intensivos. La ambulancia celeste (GOD 911) los recogió poco a poco y cuidadosamente (bueno, está bien, sin cuidado alguno) los llevó a la clínica. Es que el peso del mundo y las pocas herramientas que les habíamos dado para enfrentarse a él los hicieron desfallecer.

Fue entonces cuando la psiquiatra Danelia Cardona nos ayudó a entender por qué los hombres llegábamos a profundos estados de depresión y suicidio. A estados en los que creemos que la vida ya no vale la pena… en los que estamos mamados de vivir. La única salida pareciera la muerte.

Afortunadamente teníamos algo que hacer por nuestros maniquíes (y por nosotros mismos): una búsqueda del tesoro  llena de subidas y bajadas (y que le quitó el aliento a más de uno) en la que recibimos algunos medicamentos o herramientas para sanar el alma y la vida de nuestros maniquíes.

Luego, fue el turno de sanarnos a nosotros. De la mano de ARB vivimos un concierto en el que nos perdonamos, de la mano de la música, y en el que perdonamos a quienes más daño nos habían hecho. Luego, escribimos todos esos recuerdos en una carta y lo quemamos en una fogata a la luz de las estrellas. Sin lugar a dudas estabas muertos del cansancio… pero en nosotros había una llamita de amor que nos mantenía con energía. Dios estaba presente.

Recuerda el Concierto de ARB con esta canción:

(Mira aquí la galería: http://on.fb.me/SwO1Us)

3 Día

4 de noviembre de 2012

Hora: 5:00 am

Objetivo: La vida no se improvisa

La levantada fue más dura que la del día anterior. El cansancio estaba en cada uno de los huesos. No obstante, era nuestro último día. Teníamos que vivirlo al máximo.

Como era domingo, empezamos el día con la Santa Misa. Hace mucho tiempo no veía un padre que estuviera dispuesto a hablar de manera tan simple y tan clara a los jóvenes con los que compartía. Su invitación, al final, era la misma de Dios: Sean ustedes los que hagan el cambio.

Y siguiendo la invitación hecha, ese día nos dedicamos a aprender cómo ser jóvenes que fueran capaces de ir en contravía, de ser semillas de cambio, fieles a nuestra misión. Gracias a The Lórax entendimos que “A menos de que a alguien como tú le importe de verdad, nada va a cambiar. simplemente no lo hará”.

Luego, junto con nuestra conferencista internacional, Lupita Anaya,  entendimos que nuestro plan de vida debe ser esa brújula que nos guíe y redirija cuando hayamos perdido el norte.

Y mientras  aprendíamos todo esto, nuestros maniquíes fueron entrando al salón, uno a uno. Tenían ropas nuevas, estaban sanos. Y cada uno de los jóvenes tenía en sus manos algunos remedios para crear en ellos ese plan de vida que les haría, ahora sí, las personas más aptas para enfrentarse al mundo de hoy.

Las historias de vida que adquirieron cada uno de los personajes fue increíble. Habían pasado de ser personajes cualquiera, a personas que disfrutaban de la vida, pero que sabían que querían ser. Se convirtieron en personas que cargaban sus heridas, pero que habían sanado su pasado. Eran hombres en Contravía. Y digo hombres porque mientras todo este proceso se fue dando, cada uno de nosotros fue cambiando. Al iniciar los días, éramos como esos maniquíes: vacíos, lights, moldeables según las circunstancias. El último día, habíamos aprendido a ser, verdaderamente a ser.

(Mira aquí la galería: http://on.fb.me/RYDwwh)

Y fue así como duro trabajo de 5 meses dio su fruto. Ver a 180 jóvenes alegres, amigos, distintos, capaces de enfrentarse a la corriente y de perdonar su pasado es la mejor paga que podíamos haber recibido. He de ser honesta, y decir que en cuanto pude regresar a mi casa dormí 6 horas sin parar. Pero el cansancio fue poquísimo en comparación al fruto que recibí al ver sus sonrisas, sus caras, su esperanza. Y la cifra con la que nos quedamos en este congreso es esta: Ahora somos 180 jóvenes dispuestos a ayudar a ese otro 36%  que cree que el suicidio es una opción. 

Al final, ese es el sentido de todo lo que hacemos. ¡Por eso, es que nos encanta ser jóvenes en Contravía!

Pero esta es sólo una versión de los hechos. ¡Tu experiencia es fundamental!

Aquí puedes escuchar cómo fue la experiencia de  Angela Colón: SRxtXz

Compártenos tu experiencia con una foto, un video, un audio o un comentario. ¡Los mejores serán publicados en la próxima entrada de este blog!

[View the story “¿Qué dicen las redes del II Congreso Jóvenes en Contravía?” on Storify]

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