Preparándonos para la Semana Santa: ¿Qué es la Cruz?

Estamos por terminar la Cuaresma y empezar a vivir la Semana Mayor. Por eso queremos compartir unas pequeñas reflexiones sobre lo que es la Cruz y cómo podemos vivirla como jóvenes.

Por : Santiago Gutiérrez

¿Qué era la Cruz para los romanos?

¿Qué es la cruz? Todos pensamos (como se ha hecho en toda la historia) que la cruz es un instrumento pesado, de carga, de muerte, de tortura, etc. Todo aquello que nos trae sufrimiento, creemos que esto es la cruz, y más aún, pensamos esto porque Cristo murió en una cruz.

Antiguamente la cruz era realmente un instrumento de tortura, de sufrimiento, de humillación y de muerte. Así fue creada por los romanos, con el fin de tener un método de castigo, tortura y muerte, eficiente, económico y bastante “ejemplificante”. Justo fue por esto que los romanos decidieron ejecutar a Jesucristo en una cruz. Era lo más humillante, denigrante y doloroso que podían hacerle, de esta manera ningún otro judío se haría llamar “Rey”.

¿En qué se convirtió?

“Fuera de la Cruz no hay otra escalera por donde subir al cielo.”                                                                 Santa Rosa de Lima

Pero el plan que tenían les salió completamente mal. Permitieron que Nuestro Señor nos concediera a todos la Salvación, convirtiendo esos dos trozos de madera, en un instrumento de Salvación. Se transformó en Símbolo de Justicia, de Amor, de Esperanza y Paz. 

De la misma forma, La Santa Cruz fue transformada en signo de contradicción, que en definitiva fue lo que trajo Nuestro Señor: Contradicción, contradicción al mal, al hedonismo, al pecado, al odio, a la tristeza, al mundo.

Jesús en el camino de la Vía Dolorosa, nos enseñó lo que es el verdadero amor, nos enseñó a Dios, y nos enseñó que el caminar por la Vía Dolorosa, nos lleva más que a la muerte, nos conduce a la libertad verdadera, a la vida eterna. Pero para llegar a ese premio, al premio del Paraíso debemos pasar por la Cruz. La Vía Dolorosa, antiguamente de sufrimiento físico, es hoy en día un camino espiritual, una lucha constante contra las pasiones que nos ofrece el mundo, una lucha constante contra nuestras debilidades, nuestras falencias, contra todo aquello que nos conduce al pecado.

Pero la clave para recorrer este camino, es no verlo como una tortura, como un yugo, sino como un camino de felicidad en busca del premio final: La Salvación. “Sólo el que ama a Dios y desea entregarse a Él, toma la cruz como lo más normal del amor. En cambio, el que ve la cruz como una condición para amar a Dios, no le queda más remedio que “soportar con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones diarias”. Además de esto, tenemos que tener en cuenta que Nuestro Señor lo dijo, “Si alguno quiere venir en Pos de Mí, niéguese a sí mismo, cargue con su Cruz y sígame” (Mt 16, 24). Incluso es tan profunda la relación que debemos tener como cristianos católicos con la cruz que “Los males que se infiltran en la Iglesia y en los corazones son porque no hemos abrazado la cruz”.

¿Cómo podemos vivir la Cruz?

“Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla.”

San Pío de Pieltrecina

La cruz es primero que nada, puerta, que nos abrió Cristo en el Calvario a la Salvación, pero es una puerta angosta por la cual, para poder atravesarla, debemos despojarnos de toda carga, de toda pesadez, de todo estorbo que nos trae el Pecado. Y a pesar de que ese despojarnos, duele, como decía Sta. Teresa de Jesús, “En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo”.

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En este orden de ideas, siguiendo la reflexión de Sta. Teresa, la cruz es puente o camino, puente que nos conduce del mundo, de lo terrenal, del pecado, a la Gloria, a la Salvación, a la Paz, al Amor, a Dios. Es un camino por el cual todos debemos transitar, no es el fin de nuestra vida, es el medio para llegar a la Salvación.

Pero este camino no es una exigencia de Dios, más bien es una necesidad para poder entrar al Cielo. “La cruz no es una condición que me pone Dios. Él no me dice: “si quieres entrar al cielo tienes que cargar durante unos años con la cruz”. No. Dios me regala el cielo. Ahí está, pero al cielo no se puede entrar si no se sabe manejar la cruz. El Santo Padre lo expresa de otro modo: “No se puede hablar de cruz sin considerar el amor de Dios por nosotros, el hecho que Dios nos quiere colmar de sus bienes”.

La cruz es la mejor antena

“Cuando recibas algún golpe fuerte, alguna Cruz, no debes apurarte. Por el contrario, con rostro alegre, debes dar gracias al Señor.”                                                                         San Josemaría Escrivá de Balaguer

Uno de los papeles, tal vez el más complejo y el más desconocido que tiene la Santa Cruz es el de Antena. Antena que nos permite comunicarnos con Dios en la oración.

La base de la Cruz identifica al mundo, en la parte baja, al pecado, a la fragilidad y las pasiones humanas, las cuales a lo largo del travesaño ascienden hacia el extremo libre de la misma. Este extremo libre lleva al Cielo, a la inmensidad, a Dios. La comunicación, la oración, viaja de la creatura (el hombre) al Creador (Dios) a lo largo del travesaño vertical.

Como siempre se espera, en una conversación se da una respuesta, se espera una comunicación de dos vías. En la oración es de la misma manera. Dios siempre responde nuestra oración. Ahí es cuando entra a jugar el travesaño horizontal. Dios responde derramando gracias en la inmensidad de Su Amor, pero el travesaño horizontal, toma todas estas bendiciones y las distribuye según la Voluntad de Dios y la necesidad de los hombres, direccionándolas a cada uno según su necesidad. Es por esto que ninguna oración que elevamos a Dios queda sin respuesta. A pesar de que sintamos que Dios no nos escucha, lo que sucede es que la oración que cada uno realiza y que sentimos que no es respondida, llega a Dios para que El, en su Sabiduría y Justicia, la otorgue a la o las personas que más lo necesitan. TODA ORACION TIENE RESPUESTA DE PARTE DE DIOS. Y este misterio solo puede ser entendido a través de la Cruz. 

Dios responde en la amplitud, representada en los brazos siempre abiertos de Nuestro Señor Jesucristo, al Mundo. Siempre dispuesto a abrazarnos con el verdadero Amor que solo se puede dar en Él.

El amor se prueba en la Cruz

“La cruz es la revelación definitiva del amor y de la misericordia.”                              Benedicto XVI

En síntesis, la Cruz es la prueba de amor más grande que Dios nos pudo dar, no solo por el hecho de la Muerte de Cristo en ella, sino por todo lo que se abrió para la humanidad en este Misterio. Nos abrió la puerta de la Salvación, cargo con nuestros pecados por Amor, tendió el puente de este mundo de pecado, a la Gloria Eterna y finalmente, nos dio la mejor forma de comunicación con Nuestro Padre: La Oración.

Amemos la Cruz, pero no por obligación, sino por verdadero Amor. Llevemos nuestra Cruz (enfermedad, debilidad, pecado, carencia, etc.) con paciencia, con confianza y con Amor, porque en el sufrimiento de Jesús encontramos consuelo para todas las pruebas que vivimos a lo largo de Nuestra Vida.

Nunca olvidemos, que para lograr los premios de la Gloria Eterna, debemos comprender la Cruz, abrazarla, amarla, y cargarla junto a Cristo, recordando de nuevo como Él nos dijo: “Si alguno quiere venir en pos de Mi niéguese a si mismo, cargue con su cruz y sígame”.

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