¡2015 un año más, lleno de misericordia!

1791209

Por: María José Tribin

‘’Un poco de misericordia hace el mundo menos frío y más justo. ’’

                                                                                               Papa Francisco

 

Sin duda alguna el Papa Francisco nuevamente nos sorprende, esta vez con el anuncio que hizo a todos los fieles y laicos en el mes de marzo, se trata de abrir la Puerta Santa de un Jubileo como el del año 2000 el próximo 8 de diciembre, cuestión que a todos los católicos nos alegra infinitamente, sin embargo; lo que más nos tiene llenos de gozo es la declaración del Santo Padre respecto a lo que sucederá ese día, pues este año será declarado como el año Santo de la Misericordia hasta el 2016.

 

Sin embargo, pese a que esta es una gran noticia para cada uno de los católicos, quizá, a muchos nos falte reflexionar todo lo que Jesús hizo por nosotros y por borrar nuestro pecado, sacrificando su vida por amor. Por tal motivo y teniendo en cuenta que acabamos de vivir la Semana Santa, hoy más que plasmar las buenas nuevas que dio el Papa, quiero crear una reflexión para todos los lectores, pues, en cierta medida, es mi forma de darle la gracias al que por amor dio todo y más de lo que tenía, a Jesucristo, el ser que fue capaz de rebajarse a la condición humana, ser parte de ella y no pecar, más si ofrecer su vida en una cruz, por quienes de una u otra forma lo ofendemos, ya sea con una mal gesto a esa persona que no nos agrada, o con una mentira por librarnos de nuestras responsabilidades. Motivo por el cual, escribiré parte de mi experiencia en esta semana, pues, creo que es desde la experiencia en donde aprendemos a conocer y a enamorarnos cada vez más de Jesús.

 

Inicialmente como joven católica y universitaria, sabía que desde antes que empezara la Semana Mayor  debía organizar mi tiempo, ya que, entre los actos litúrgicos y mis responsabilidades académicas, si no lo hacía no tendría tiempo más adelante para relajarme un poco y darme un tiempo para mi… Sin embargo; en más de una ocasión me relaje en extremo o me concentré en exceso en mis trabajos, dejando de lado lo más importante, que era prepararme para acompañar a Jesús y a La Santísima Virgen en el dolor de la pasión y muerte de nuestro Señor.

 

Llegado el jueves santo y como acostumbro, asistí a la iglesia en compañía de mi familia. Sin duda cuando llegué y  antes de que comenzara la misa, no hacía más sino pensar en los trabajos que aún tenía pendientes, en hablar con mi mejor amiga y muchas cosas más, menos en lo que verdaderamente me debía concentrar. Así pasaron unos minutos, cuando finalmente el Sacerdote salió a celebrar la misa. Entre las lecturas, el salmo, los cánticos y demás, yo aún no me había podido concentrar, fue entonces cuando el Padre después de haber leído el Evangelio, inició la homilía. Cuando el Cura comenzó a hablar increíblemente, se borró todo de mi mente y atendí a cada una de las palabras que éste decía y, quizá, una de las cosas que más me llamó la atención fue escuchar cómo pese al sufrimiento que en ese momento estaba padeciendo Jesús al ser encarcelado, Él aún espera por cada uno de nosotros, sin importar todo lo que a diario le causamos y como con ese sacrificio que hizo, quiere renovar la alianza con la humanidad, demostrando que por amor en exceso y por su infinita misericordia está dispuesto todos los días a perdonarnos, entendernos, amarnos y decirnos que Él teniendo el más grande poder, lo deja todo por redimir nuestras culpas.

 

Entonces allí  entendí que no solo fui desconsiderada con Él al priorizar mis necesidades terrenales sobre su padecimiento, sino que también ese acto de amor que hace por cada uno de nosotros, debería llevarnos no solo a vivir la Semana Santa con el propósito de acompañarlo, sino tratando todos los días y cada vez más agradecerle su misericordia y su sacrificio. A cambio de eso, lo ofendemos más y más con nuestras actitudes, cuestión que me hizo darme cuenta que increíblemente las iglesias se llenan en esta semana, y realmente me sorprendió, ya que, no es muy común que esto suceda entre semana, cosa que es genial, pero es un acto que para muchos, al fin de cuentas se hace solo por cumplir, situación que me entristece, pues, Jesús no solo padece por nuestras culpas durante una semana, Él lo hace todos los días y cada vez que pecamos y, no es justo que de los 365 días del año le entreguemos hora y media de nuestro tiempo y no lo hagamos de corazón, pues ¿Sí Él lo dio y lo da todo por mí, yo por qué no puedo darle una parte de mi tiempo? Sin duda a mí eso me acongoja, pero es entonces cuando recuerdo que Él nos ve con sus ojos de misericordia y, se dispone a decir una vez más ‘’Padre perdónalos, ellos no saben lo que hacen’’

 

Por eso, es que hoy les hago la invitación de darle el Si a Jesús, celebrando con amor verdadero este año, que fue declarado por el Papa Francisco como el año de la Santa Misericordia, ya sea, regalándole una sonrisa a las personas, escuchando al que sufre, aconsejando al que lo necesita y por supuesto, siendo instrumentos de Dios en la tierra, pues, con pequeñas actitudes logramos grandes cambios.

 

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